Mi primera vez en las urnas. Por Catalina D'Atri
Ese no fue un domingo tradicional. Podría haberlo sido si la noche anterior, entre pizzas y gaseosas, no hubiera debatido con amigas qué postura teníamos respecto al panorama político. No porque no lo hagamos; de hecho, el estereotipo de “adolescente que solo se preocupa por fiestas y alcohol” es bastante erróneo, y nos gusta “sentirnos adultas”. Pero había algo de extraordinario en esa precisa conversación un sábado a la luz de la luna, con alguna canción de reggaetón de fondo, en ese patio del barrio de Devoto. 7 adolescentes de no más de 17 años, con vidas basadas en el estudio secundario y algunas salidas, pero atravesadas directamente por nada más ni nada menos que un deber ciudadano. Una responsabilidad que excede el examen más difícil y el viaje en colectivo por la zona más desconocida. Una obligación que siempre se remitió a los libros de cívica y quizás a acompañar a un pariente a cumplirla. Un compromiso lejano. O así era hasta que llegó ese domingo. Amaneció soleado, sin vie...